Sabia cultura popular

El centenario del nacimiento de Bruguera revela el gran motor que esta editorial fue para el fomento de la lectura

Fue el ocio de niños y adolescentes de la postguerra, el catalejo que dio acceso a los jóvenes españoles a la literatura universal y, también, el espacio donde emociones e inteligencia convivieron de forma anormal. Editorial Bruguera, el sello popular, abre en su centenario el asombroso recuento de su historia.

JULIA FERNÁNDEZ
Cuando Juan Bruguera da comienzo hace 100 años a su proyecto editorial, España contaba con un sesenta por ciento de analfabetismo y acababa de dar aprobación a la ley por la que se ampliaba la enseñanza obligatoria hasta los 12 años. Este flojo perfil cultural, que auguraba mínimos beneficios para una aventura editorial, contuvo para el iniciador del sello Bruguera el aliciente del gran reto empresarial y de la fuerte apuesta por la educación popular.
En estos días, en que se conmemora el centenario de su empresa, resulta sorprendente el balance global que se extrae de su historia: éxito económico con más 1.200 trabajadores, una moderna industrialización con incluso imprenta propia, delegaciones en todo el territorio español y algunos países de Latinoamérica, llegando a ser la primera editorial española en volumen de tiradas y a conocerse como  “el Imperio Bruguera”, y, sobre todo, total éxito cultural, en su estímulo social a la lectura.

Catálogo para todos

Desde la primeras ediciones de pequeños y gruesos volúmenes de cultura general, que llevaban títulos como Historia y origen de muchas cosas o Maravillas y rarezas del universo, a los folletines, álbumes de cromos, revistas de historietas, novelas, libros de ensayo, cuadernillos apaisados, cuentos, almanaques, láminas culturales, colecciones de cromos, álbumes de cómics, cuadernos y comic-book, publicados por El gato negro (su primera fase), Editorial Bruguera y Ediciones B (en los últimos tiempos), el sello Bruguera ha nutrido emocional y culturalmente la infancia y adolescencia de varias generaciones en España.
“Desde sus inicios, la editorial apostó por la literatura popular como punta de lanza de sus publicaciones”, declara Antoni Guiral, autor del libro 100 años de Bruguera, publicado estos días por Ediciones B. “Hasta 1938, publicaron miles de títulos relacionados con la literatura de género por entregas y también de clásicos de la literatura universal, obras teatrales, enciclopedias culturales, narraciones infantiles y adaptaciones cinematográficas”.

Joyas literarias

La aventura, la fantasía, el género policíaco, el bélico, el histórico, el Oeste, el misterio, el drama o el humor tendrán su lugar  en diferentes series. En la mitad de los años cincuenta la aparición de los bolsilibros será el auténtico bombazo en materia de literatura popular; colecciones de western (con Marcial Lafuente Estefanía de autor casi omnipresente), aventuras, románticas y bélicas, todas escritas con seudónimos por excelentes escritores españoles, con unas ilustraciones que hacían más atractiva su lectura, fueron compradas de forma masiva quincenal o semanalmente. Versiones ilustradas de obras como Don Quijote de la Mancha, La cabaña del tío Tom (Harriet Beecher Stowe), Miguel Strogoff (Julio Verne), Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) o de Los Miserables (Víctor Hugo), formaron la colección de Joyas Literarias, que aunaba a los autores best-sellers del momento con los clásicos de la literatura universal,  mientras su complementaria colección La Corona  descubría a los lectores obras norteamericanas y europeas de autores contemporáneos, no consagrados todavía.

Dibujantes de historias

Aunque su función divulgadora de la literatura esté considerada como un extraordinario aporte a nuestra cultura, que continuaría con la colección Bruguera. Libro amigo a partir de los años sesenta, Bruguera es, en estos días, socialmente reconocida como la empresa que centralizó el humor lúcido y brillante en las átonas décadas de la larguísima postguerra española. Su creación de Pulgarcito en 1921, un “periódico infantil de cuentos, historietas, aventuras y entretenimientos”, sería el comienzo de un auténtico fenómeno editorial dirigida al ocio infantil y juvenil. La dimensión del éxito en los años setenta sería tal que El DDT, Tío Vivo, Din Dan, Mortadelo o El capitán Trueno, entre otras publicaciones de la editorial, sumaban, cada mes, más de cuatro millones de ejemplares de revistas en los quioscos mensuales, de las que solo El capitán Trueno llegaba a vender doscientas cincuenta mil.
Grandes dibujantes y autores de historias como Ibáñez, Vázquez, Raf, Escobar o Peñarroya estaban detrás de esta extraordinaria expansión de la editorial que tenía como protagonistas a Zipi y Zape, Doña Tula, Agapito, Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Los vecinos de la rue Percebe, Carpanta, Rompetechos, Pitagorín, Anacleto Agente Secreto, las Hermanas Gilda, la Familia Cebolleta o Doña Urraca.
En una sociedad sin móviles ni ordenadores, y con una presencia incipiente de la televisión, la lectura amena y atractiva de estas viñetas y tiras de cómics, no sólo adentraron en el hábito de la lectura a generaciones de niños y adolescentes, sino que a través de su humor radicalmente español y de sus historias sacadas de la vida cotidiana, llegarían a divulgar una España  más real que la oficial.

 

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