En la presente colaboración, su autora, doctora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia, tras confirmar que el propio profesorado solicita y demanda una evaluación, rigurosa y seria, que le aporte una mejora en su práctica profesional, apunta una serie de cuestiones cruciales a resolver en este ámbito tan determinante del proceso educativo.

La evaluación del profesorado,
a escena

María Amparo Calatayud Salom
Departamento de Didáctica y Organización Escolar, Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Universidad de Valencia


La LOE contempla que los profesores sean sometidos a evaluación. Hasta ahora sólo Asturias o Baleares han realizado intentos de crear un sistema que, en el primero de los casos, ha despertado un enorme rechazo entre los profesionales de la educación. Pero a pesar de ello, el profesorado español se encuentra partidario de que se le evalúe y de que se produzca una retroalimentación o devolución de los resultados de esa evaluación para mejorar su rendimiento. Es una de las conclusiones a las que ha llegado el Informe TALIS (Estudio Internacional sobre Docencia y Aprendizaje) realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) en 23 países europeos, publicado en Julio de 2009. Por lo tanto, dicho estudio desmitifica y rompe con la idea de que el profesorado no quiere ser evaluado.
Ello, sin lugar a dudas, es un indicador de “salud” en relación con la evaluación docente siempre y cuando ésta se entienda como instrumento para mejorar la práctica docente. Realmente lo que el profesorado está solicitando es una evaluación que sea rigurosa y seria y que, sobre todo, les aporte una mejora en su práctica profesional. Pues bien, aprovechemos esta buena predisposición de los docentes, mimémosla, etc. para convertirla en un instrumento de mejora y desarrollo personal y profesional.
Ahora bien, considero que antes de iniciar un plan de evaluación propuesto por la Administración Educativa respectiva, seria necesario tener en consideración una serie de aspectos, para que éste pudiera tener algunas garantías de éxito:
* Debe ser una evaluación horizontal en la que todos participan y en que la voz del profesorado sea tenida en cuenta.
* Los docentes han de gozar de cierta autonomía y recursos.
* Se les ha de formar en evaluación para que reconozcan su necesidad y para que la entiendan como instrumento de mejora, de investigación sobre la propia práctica que potencia el desarrollo profesional y personal del profesor. Para ello es necesario que el profesorado conciba que una evaluación no orientada a su desarrollo profesional se convierte en un proceso “sin sentido”.
* Ha de haber transparencia en el proceso y los resultados obtenidos han de ayudar a mejorar la docencia.
* Se les ha de conceder tiempo a los docentes para que reflexionen y maduren sus ideas. Todos los cambios, y más en evaluación, necesitan tiempo para que las ideas se proyecten en la dirección adecuada.

Cuestiones cruciales

Indudablemente iniciar el camino hacia la evaluación del profesorado ha de suponer poner encima de la mesa una serie de cuestiones cruciales para no defraudar a los docentes. Algunas de ellas deberían ser, por ejemplo, las siguientes:
1-Clarificar cuáles son los propósitos verdaderos de la evaluación: la finalidad.
2-Especificar los referentes o criterios a evaluar en el docente con respecto a los cuales se emitirá un juicio de valor. Criterios que han de ser consensuados por todos los implicados en el proceso evaluativo.
3-Contextualizar la evaluación teniendo en cuenta una serie de aspectos de entre ellos, las condiciones profesionales, las diferentes etapas de la carrera profesional del docente, etc.
4-Variedad metodológica para que la información sea rica, contrastada y diversa.
5-Incidir en la autoevaluación como dimensión fundamental de mejora de la práctica docente.
6-Potenciar la complementariedad entre la autoevaluación y las evaluaciones externas.
7-Facilitar el desarrollo de propuestas y acciones para la mejora de la actividad profesional del profesorado con el objetivo de que el docente descubra cómo puede mejorar su práctica.
Si es necesario un cambio de creencias y actitudes de los docentes en relación con la evaluación también es crucial que la Administración dirija los planes de evaluación hacia fines básicamente formativos que potencien un desarrollo profesional comprometido con la mejora de la calidad en educación. Para ello, se precisa de un plan coherente, sistemático, transparente y consensuado con los participantes. (Calatayud, 2009)
Sólo apostando por una evaluación como recurso de investigación y de formación porque ella es en si misma una forma de aprendizaje se hará realidad el sueño de la evaluación del docente como garantía de calidad. (Calatayud, 2008; 2009a; 2009b; 2009c). Esperemos que la dirección que tome la Administración Educativa incida en facilitar una revisión crítica de la práctica docente. Sólo en esta dirección tendrá sentido la evaluación. Una evaluación para la mejora y el perfeccionamiento del profesorado.

Referencias

- CALATAYUD SALOM, A (2009). Entresijos de los centros escolares. Desvelarlos para mejorarlos. Málaga. Aljibe.
-CALATAYUD SALOM. A. (2009a). “Aprender de la evaluación para mejorar la práctica docente”. Novedades Educativas. (Revista Argentina) Núm 221. Págs.42-45.
-CALATAYUD SALOM. A. (2009b). "Cap a on s´adreça la formació permanent en la societat del coneixement". GUIX. Núm 353. Págs.53-60.
-CALATAYUD SALOM. A. (2009c). "Una mirada crítica sobre los efectos de la evaluación externa de centros". Aula de Innovación Educativa. Núm 183-184. Págs.66-70.
-CALATAYUD SALOM, A (2008). La escuela del futuro. Hacia nuevos escenarios. Madrid. CCS.


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